La temporada 2001-2002 fue un año de ensueño para el Deportivo Alavés, un club que había luchado por encontrar su lugar en el fútbol español tras su ascenso a La Liga en 1998. Con una mezcla de talento local y refuerzos estratégicos, el equipo dirigido por Mané logró una hazaña que pocos podían imaginar: alcanzar la final de la UEFA.
El camino hacia la final fue nada menos que épico. En la fase de grupos, Alavés se enfrentó a rivales formidables, pero su determinación y cohesión como equipo los impulsaron hacia adelante. En las rondas eliminatorias, ofrecieron momentos inolvidables, como la victoria sobre Rosenborg y el enfrentamiento contra Lazio. Cada partido fue una celebración y un testimonio del espíritu indomable de los Babazorros.
La gran final tuvo lugar en Bucarest el 16 de mayo de 2001, donde Alavés se enfrentó a Liverpool. Este partido quedará grabado en la memoria de los aficionados por su drama y emoción. Aunque Alavés no levantó el trofeo, alcanzar tales alturas fue un logro monumental para un club a menudo considerado como un 'nuevo rico' en el fútbol español.
El partido terminó con una emocionante victoria de 5-4 para Liverpool, y aunque Alavés se quedó a las puertas de la gloria, su actuación en el torneo mostró el potencial del club. El gol decisivo de García en la prórroga fue un momento agridulce que, aunque desalentador, mostró la lucha y el corazón de un equipo que nunca dejó de creer.
A pesar de la derrota, la temporada 2001-2002 consolidó el lugar de Alavés en el mapa del fútbol europeo. Los aficionados de los Babazorros se unieron más que nunca, creando una atmósfera de unidad y pasión que sigue siendo una parte integral de la identidad del club. La experiencia europea también ayudó a atraer talento y mejores jugadores al equipo, sentando las bases para un período de estabilidad en La Liga.
Hoy en día, la historia de la campaña europea de 2001-2002 sigue siendo contada por los aficionados, un recordatorio constante de lo que Alavés ha logrado y de lo que aún puede alcanzar. Desde entonces, el club ha experimentado altibajos, pero la chispa de esa temporada mágica vive en el corazón de cada Babazorro. El viaje de Alavés es un testimonio del poder del fútbol para unir comunidades y crear historias que perduran en el tiempo.
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