En el año 2001, el Deportivo Alavés escribió una de las páginas más brillantes de su historia al alcanzar la final de la Copa del Rey, un logro que muchos nunca habrían imaginado. El equipo, conocido como los Babazorros, llegó a la final tras una serie de actuaciones impresionantes que dejaron a la afición boquiabierta. Con un plantel compuesto por jugadores valientes y un cuerpo técnico decidido, el Alavés se abrió camino a través de un torneo lleno de sorpresas y emociones.

El camino hacia la final comenzó con un enfrentamiento complicado contra el FC Barcelona en las semifinales. En un partido que se recordará por su intensidad, el Alavés mostró una garra que se convirtió en su sello distintivo. La victoria sobre los gigantes catalanes fue un momento de alegría que unió a toda la ciudad de Vitoria-Gasteiz y encendió la esperanza en los corazones de los aficionados.

La final se disputó el 16 de junio de 2001 en el Estadio de Mestalla, un escenario que también sería testigo de la historia. El rival, el Real Zaragoza, era un equipo experimentado que había tenido su propia historia de éxitos. A pesar de la presión, el Alavés saltó al campo con confianza, decidido a dejar su huella. Sin embargo, el partido se tornó en un auténtico thriller, con un final dramático que ha quedado grabado en la memoria colectiva de los aficionados.

A pesar de que el Alavés perdió en la prórroga, el simple hecho de llegar a la final fue un testimonio del espíritu de lucha del equipo. Cada jugador dejó todo en el campo, y esa entrega fue recompensada con el cariño y admiración de los seguidores. La afición, que siempre ha sido el corazón del club, se sintió orgullosa de su equipo, que había demostrado que los sueños se pueden hacer realidad con trabajo duro y determinación.

El legado de esa Copa del Rey de 2001 continúa presente en el club hoy en día. La historia de aquel Alavés no solo se trata de una final perdida, sino de la prueba de que un equipo puede unirse y superar obstáculos cuando tiene el respaldo incondicional de sus seguidores. La pasión y el compromiso mostrados en ese torneo siguen inspirando a nuevas generaciones de jugadores y aficionados.

En resumen, la Copa del Rey de 2001 no fue solo un evento en la historia del Deportivo Alavés, sino un capítulo crucial que forjó la identidad del club. Los Babazorros, con su espíritu indomable y su conexión con la ciudad, siguen siendo un símbolo de esperanza y perseverancia para todos los que aman el fútbol en Vitoria-Gasteiz.