La final de la Copa del Rey de 2000, disputada en el estadio de La Cartuja en Sevilla, es recordada como uno de los momentos más emocionantes en la historia del Deportivo Alavés. El equipo, dirigido por el entrenador Mané, llegó a esta instancia tras un camino lleno de sorpresas y esfuerzo, desafiando las expectativas y demostrando su valentía en cada partido. El rival, el Real Madrid, era un gigante del fútbol español y europeo, lo que hacía que la hazaña de llegar a la final fuera aún más notable.

El partido, que se jugó el 24 de junio de 2000, fue un espectáculo lleno de emoción y tensión. A pesar de que el Alavés comenzó perdiendo, no se rindió y logró igualar el marcador gracias a un gol de su delantero estrella, Javi Moreno. La afición babazorra, que hizo el viaje hasta Sevilla en masa, vivió momentos de pura euforia. Sin embargo, la historia del partido no terminó ahí. En un desenlace dramático, el Alavés se encontró en una situación de desventaja nuevamente, pero volvió a empatar. El encuentro se decidió en la prórroga, donde la suerte jugó una carta amarga al equipo alavesista, ya que un autogol de el defensor Iván Alonso selló la victoria para el Real Madrid.

A pesar de la derrota, la final de 2000 se convirtió en un símbolo de lo que el Alavés podría lograr. La afición, aunque decepcionada, estaba orgullosa de lo que su equipo había conseguido. Este partido no solo reforzó la identidad del club, sino que también dejó una huella profunda en la ciudad de Vitoria-Gasteiz. Los jugadores que participaron en ese encuentro se convirtieron en leyendas locales, y los recuerdos de esa jornada épica perduran hasta hoy.

El impacto de esta final en la cultura del Alavés fue significativo. La afición comenzó a identificarse más intensamente con el equipo, y la pasión por el club creció exponencialmente. El sueño de levantar un trofeo importante estaba más vivo que nunca, y aunque el camino hacia la gloria estuvo lleno de altibajos, esa final fue un recordatorio de que el Alavés tiene un lugar especial en el fútbol español. La historia del club no se detuvo ahí; en años posteriores, continuaron luchando en la liga y en competiciones nacionales e internacionales, siempre con la esperanza de repetir el éxito de 2000.

En retrospectiva, la final de la Copa del Rey de 2000 no solo fue un partido, sino un evento que unió a la comunidad alavesista. Los babazorros demostraron que, aunque la victoria no siempre está garantizada, el esfuerzo y la determinación son lo que realmente define a un equipo. Hoy, cuando los aficionados del Alavés miran hacia atrás en su historia, saben que esa final fue un punto de inflexión que sigue inspirando a futuros jugadores y aficionados a llevar los colores del club con orgullo.