El 23 de junio de 2001, el Deportivo Alavés se enfrentó al Sevilla FC en una final de la Copa del Rey celebrada en el Estadio Mestalla de Valencia. Fue un partido épico grabado en la memoria de todos los aficionados al fútbol español, no solo por la calidad del juego, sino también por la impresionante actuación del Alavés, que alcanzó la final por primera vez en su historia.
El camino hacia la final fue una verdadera odisea para el equipo. El Alavés tuvo una temporada notable, emergiendo como una revelación en La Liga y ganándose el respeto de los gigantes del fútbol español. La semifinal contra el Atlético de Madrid fue un claro ejemplo de la determinación y el coraje del equipo.
El partido final comenzó con el Alavés tomando la iniciativa y mostrando su intención de ganar. A pesar de enfrentar momentos difíciles, el equipo se mantuvo firme y logró tomar una ventaja de 2-0 en la primera mitad, gracias a los goles de Iván Alonso y Antonio Karmona. Sin embargo, el Sevilla, dirigido por un formidable Joaquín Caparrós, no se rendiría fácilmente.
En una segunda mitad llena de tensión, el Sevilla logró igualar, llevando el partido a la prórroga. La atmósfera en el estadio era eléctrica, con aficionados de ambos equipos animando apasionadamente a sus jugadores.
La prórroga reflejó la lucha incansable del Alavés, mostrando una valentía admirable frente a un Sevilla que buscaba recuperar el control del partido. Sin embargo, en un giro inesperado, el Sevilla selló la victoria con un gol de oro de José Antonio Reyes, definiendo el destino del encuentro.
A pesar de la derrota, el Deportivo Alavés dejó una impresión duradera. Su valentía y esfuerzo en el campo hicieron que los aficionados se sintieran orgullosos de su equipo. La final de la Copa del Rey de 2001 no solo fue un hito para el club, sino que también se convirtió en un símbolo de lo que representaba el Alavés: un equipo que nunca se rinde, que lucha hasta el final y que siempre cuenta con el apoyo inquebrantable de sus babazorros.
Hoy, mientras el Alavés continúa su camino en La Liga, los ecos de esa épica final todavía resuenan en Mendizorroza y en los corazones de los aficionados. La historia del club está llena de momentos históricos, pero la final de 2001 sigue siendo un testimonio del espíritu indomable de un equipo que, aunque no ganó, se convirtió en un verdadero campeón a los ojos de sus seguidores.
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