La temporada 1997-1998 será recordada como uno de los momentos más brillantes en la historia del Deportivo Alavés. Después de pasar años a la sombra de la Segunda División, los Babazorros lograron una impresionante remontada, alcanzando el ascenso a La Liga. Bajo la dirección del entrenador Mané, el equipo mostró un fútbol atractivo y competitivo, encendiendo la pasión de los aficionados en Vitoria-Gasteiz.

Uno de los aspectos más destacados de esa temporada fue el vínculo forjado entre el equipo y los seguidores. Cada partido en Mendizorroza se convirtió en una celebración, con los aficionados llenando las gradas, animando incansablemente a sus jugadores. La ciudad se unió al equipo en un viaje que muchos consideraban imposible, pero que se convirtió en realidad gracias a la dedicación y esfuerzo de la plantilla.

El equipo comenzó la temporada con gran espíritu, destacándose en la liga y ganando partidos cruciales en casa. Jugadores como Javier Saviola, que se convirtió en un ícono del club, fueron fundamentales en ataque, anotando goles vitales que mantuvieron al Alavés en lo más alto de la tabla. La defensa, liderada por un sólido bloque central, también demostró ser impenetrable en muchos encuentros.

El clímax llegó en la última jornada, cuando el Alavés se enfrentó a sus rivales directos por el ascenso. La tensión era palpable, pero el equipo mantuvo la calma y mostró su calidad en el campo. Con un juego inteligente y una estrategia bien ejecutada, el Alavés selló su destino, asegurando un lugar en la Primera División por primera vez en años. El estadio estalló en júbilo, y los aficionados celebraron no solo el ascenso, sino también la revitalización de un club que había enfrentado tiempos difíciles.

El ascenso del Alavés no fue solo un logro deportivo; tuvo un profundo impacto en la comunidad de Vitoria-Gasteiz. La ciudad celebró como una sola, y el fútbol se convirtió en un símbolo de esperanza y orgullo. En retrospectiva, esa temporada fue más que una simple ascensión; fue el renacer de un equipo que se convirtió en un pilar de la cultura local. Desde entonces, el Deportivo Alavés ha continuado su camino en la élite del fútbol español, llevando consigo la memoria de aquellos que lucharon por elevar al club a nuevas alturas.

La temporada 1997-1998 sirve como un recordatorio de que, a pesar de las adversidades, con determinación y unidad, se pueden alcanzar grandes logros. El legado de ese equipo vive en los corazones de los Babazorros y en la historia del fútbol español.