La cultura de los Babazorros en Vitoria-Gasteiz refleja la rica tradición futbolística de la región. Desde el momento en que los aficionados se dirigen al Estadio Mendizorroza, la energía palpable llena el aire. El camino hacia el estadio es un desfile de colores y cánticos, donde cada rincón de la ciudad resuena con la anticipación de un gran partido.

Uno de los rituales más destacados es la llegada al estadio, donde los seguidores se agrupan en diferentes peñas. Estos grupos, como la Peña Alavesista Txuriurdines, crean un ambiente festivo que va más allá de simplemente animar al equipo. Con pancartas, trompetas y cánticos ensordecedores, se aseguran de que cada visitante se sienta parte de una gran familia, unida por la pasión compartida por el Alavés. A lo largo del camino, es común ver a los aficionados intercambiando historias, anécdotas de partidos pasados y, por supuesto, predicciones sobre el futuro del club.

Al llegar a Mendizorroza, la atmósfera se transforma. Las gradas se llenan de un mar de azul y blanco, los colores emblemáticos del Alavés. Antes de que el árbitro pite, se lleva a cabo un ritual que ha perdurado a lo largo de los años: el famoso ‘Grito de Alavés’. Los seguidores se unen en un solo grito, sus voces fusionándose en un crescendo que envuelve el estadio. Este momento no solo es emocionante, sino que simboliza la unidad de los aficionados, recordando a los jugadores que no están solos en su lucha.

Durante los derbis, especialmente contra el Athletic Club, la atmósfera se intensifica. Estos partidos son más que simples encuentros deportivos; son batallas donde está en juego el orgullo local. Los cánticos se vuelven más fuertes y las pancartas más creativas. Los Babazorros no escatiman esfuerzos en mostrar su apoyo, y las calles que rodean el estadio se convierten en un hervidero de emoción y rivalidad. Las peñas se preparan con antelación, organizando eventos previos al partido llenos de comida vasca y música tradicional, creando un ambiente que es tanto festivo como competitivo.

Además de la atmósfera previa al partido, es importante destacar las tradiciones que continúan durante el juego. Los aficionados tienen rituales específicos para animar a su equipo, desde el famoso ‘¡Aupa Alavés!’ en momentos clave hasta el cántico que se entona cada vez que el equipo se acerca al área del oponente. Esta conexión entre los seguidores y el equipo es lo que hace que cada partido sea una experiencia única; un viaje emocional que va más allá de los 90 minutos en el campo.

Por último, no se puede hablar de la cultura de los Babazorros sin mencionar la hospitalidad de Vitoria-Gasteiz. La atmósfera en la ciudad en los días de partido es festiva, con bares y restaurantes locales llenos de aficionados de todas partes. La comunidad se une para celebrar el fútbol, convirtiendo cada partido en una ocasión para recordar. Ya sea disfrutando de un pintxo en un bar cercano o compartiendo historias con otros aficionados en la plaza, el espíritu de apoyo se siente en cada rincón de la ciudad.

En resumen, la cultura de los Babazorros va más allá de los partidos; es una celebración de la identidad local, unida por la pasión y el amor por el Alavés. Con cada partido, los aficionados no solo apoyan a su equipo, sino que también alimentan una tradición que perdurará por generaciones.